Relactación: recuperar la lactancia materna, el caso real de María

Recuperar la lactancia materna: la relactación de María (caso real)

Sin duda uno de los casos más difíciles que me encuentro en las consultas de lactancia, es la relactación. Difícil por la implicación emocional y lo cansado que puede ser el proceso. Pero a la vez muy satisfactorio cuando se finaliza.

Hoy os comparto el caso real de María, que nos explica cómo fue todo su proceso desde el nacimiento de su bebé hasta que consiguió la lactancia materna exclusiva que ella buscaba:

“Antes de dar a luz, tenía claro que quería dar el pecho a mi bebé. Una vez informada de los beneficios de la lactancia materna tanto para el bebé como para la mamá, no había vuelta atrás. Sabía que el inicio era lo más complicado y la parte en la que más lactancias fallaban, por lo que sabía que debía tener a mano el contacto de una especialista en lactancia en caso de que hubiera algún problema.

Marisol daba las clases de preparación al parto y lactancia en mi centro de salud (¡qué gran suerte la nuestra!) y, cuando dijo que era IBCLC, lo tuve claro. Contactaría con ella.

El parto fue muy largo, medicalizado (inducción por preeclampsia) e instrumental, por lo que sabía que el inicio a nuestra lactancia sería muy lento. Y así fue.

Mi bebé no buscó el pecho por si mismo (las famosas cabezadas) hasta las 48h de haber nacido. La leche tardó en subirme, pero el bebé seguía mamando y parecía que todo iba bien. No tenía dolor, había buen agarre y mi bebé iba subiendo de peso (20 gramos al día).

Pero después de la primera revisión con pediatría, noté que algo no iba bien. Las tomas empezaron a ser interminables, y mi bebé se dormía unos 10-15 minutos y se volvía a despertar para mamar. A la segunda revisión de pediatría, pocos días después de la primera, vimos que mi bebé subía muy poco de peso y todavía no había recuperado el peso del nacimiento a las 2 semanas. Ahí me empezaron a hablar de fórmula y biberón.

Muy triste y preocupada, llegué a casa y contacté con Marisol. Al día siguiente, vino a casa y analizamos todo: parto, agarre, postura y frenillo. Marisol detectó un frenillo, cosa por la que yo pregunté a todos los profesionales (incluso en el hospital) y nadie supo ver.

Marisol vio al bebé muy débil, con poca fuerza de succión. Me aconsejó suplementar con mi leche y así al sacarme leche también iría aumentando mi producción (que iba a menos al no tener una buena estimulación por parte del bebé). Empezamos ofreciendo dedo-jeringa después de las tomas en el pecho.

Mi bebé de repente fue otro: se saciaba, dormía sus siestas y se le veía feliz.

Empezó a subir de peso rápidamente, por lo que íbamos a seguir así hasta que el bebé cogiera más fuerza de succión y lo viera el especialista en anquiloglosia.

Hacia el final de la segunda semana haciendo dedo-jeringa, noté que estaba más irritado al pecho, lloraba mientras mamaba. Nos tocó revisión de peso y de nuevo estaba subiendo muy poco. No lo entendía. Desde pediatría, me hicieron sentir muy mala madre, diciéndome cosas que me hicieron salir llorando de la consulta.

Hablé con Marisol por teléfono y me dijo que parecía que el dedo-jeringa estaba interfiriendo en la lactancia (el bebé estaba haciendo del suplemento su mayor alimento), por lo que deberíamos considerar otro método de suplementación. Decidimos usar el relactador, que además volvería a ayudar al bebé a engancharse al pecho.

Esas primeras 24h de transición entre jeringa y relactador fueron las peores. Mi bebé me rechazaba el pecho, literalmente se empujaba del pecho, y no paraba de llorar. Y yo con él. Pensé que era el fin de nuestra lactancia. Lloré como si de un duelo se tratara.

Pero de la misma forma que mi bebé se había acostumbrado a la jeringuilla, 24h después se volvía a coger al pecho sin llorar porque veía que de ahí salía leche. Eso me enseñó que, al fin y al cabo, se trata de un mamífero intentando sobrevivir, por lo que se enganchará a lo que sea que le de ese alimento.

La primera semana con el relactador fue muy difícil. Me pasaba los días en casa sacándome leche unas 8-10 veces al día (principalmente siempre que el bebé mamaba durante el día) y tenía que ir rellenando el relactador antes de cada toma. Me costó mucho pillarle el truco al relactador, quería abandonar cada día. Únicamente podía salir de casa en su siesta de la mañana dormido en el fular. Hacia el final del día, llegaba un momento en el que ya no podía más, quería renunciar.

Pero cada vez que me imaginaba yendo a comprar biberones y dárselos a mi bebé, simplemente no lo veía. Ahí me di cuenta de lo mucho que quería conseguir que nuestra lactancia funcionara y que cada día que pasaba me acercaba más a ese objetivo.

Cuando empecé a suplementar con relactador, empecé con 175ml, que poco a poco fue subiendo debido a la demanda del bebé. Llegó un momento en que su demanda era mayor a mi producción y durante dos semanas aproximadamente suplementé unos 50-60ml de fórmula (algún día en el que teníamos que salir de casa para consultas, llegamos a 90ml de fórmula). La cantidad máxima que suplementé en total a lo largo de las semanas fueron 280ml (220ml de mi leche + 60ml de fórmula).

Mi bebé subía mucho de peso así que seguimos así hasta que le cortaron el frenillo. Dos días después de cortárselo, vimos a Marisol de nuevo, me enseñó una nueva postura y el bebé empezó a mamar de tal manera, que de lo a chorro que le salía la leche, se soltaba del pecho para poder tragarla. Fue un alucine.

Ese mismo día dejé de darle los 50-60ml de fórmula y Marisol me aconsejó que le diera el suplemento de mi leche después de darle el pecho y no durante. Cada vez me costaba más darle los 200-220ml de suplemento. De forma natural, empezamos a bajar, hasta que la última semana solo le daba 50ml al día.

En ese momento, podría haber dejado de suplementar, porque esa cantidad no tiene un impacto importante en la subida de peso, pero me costaba dejarlo. Llevaba tanto tiempo suplementando que mi mente me seguía jugando malas pasadas. Finalmente, el 24 de diciembre, decidí no suplementar y esperar a ver su peso en la próxima revisión. Mi bebé estaba feliz, dormía genial, hacía sus pipis y cacas, por lo que no había motivo de alarma. Confié.

En la siguiente revisión, vimos que mi bebé había subido muchísimo de peso solo con el pecho. Casi lloro en la consulta.

2 meses y medio después de nacer mi bebé, por fin teníamos una LME establecida totalmente a demanda sin sacaleches ni relactadores por en medio.

Algo que para muchas es lo normal al parir, a nosotros nos había costado muchísimo conseguir. Pero qué orgullo y satisfacción al conseguirlo.

Nada de esto hubiera sido posible sin Marisol. Ella nos dio sus conocimientos y experiencia, nos guió en cómo conseguirlo, y nos apoyó cuando desde el centro de salud no me daban más que una opción y me hacían sentir mal por intentarlo con mi leche. Sin Marisol, nuestra lactancia hubiera sido fallida, sin duda alguna. Siempre le estaremos eternamente agradecidos. Gracias, Marisol, ¡lo conseguimos!

 María Serra”

Si tú estás en una situación parecida y quieres recuperar tu lactancia materna, escríbeme.

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